Y así es.

Si eres de los afortunados que reciben con cada pedimento el tan valorado brief, esa pieza mitológica de las agencias de publicidad, no debes de cantar victoria tan rápido, porque podría ser solo un documento llenado para cumplir.

Y nada más.

Si recordamos la finalidad principal del brief, debemos entender que informa, orienta, motiva y compromete cualquier pedimento con un objetivo de comunicación o mercadotecnia.

Llenar un brief y pensando en el día a día de una agencia, parece una de las cosas más sencillas de la vida, pero no lo es. Requiere 50% información que solo el cliente puede dar, así como otro 50% que tiene que ver con el talento de interpretación que el ejecutivo o responsable en llenarlo tenga.

Un mal insight, un espacio de DONT´S (cosas que no puedes hacer con la marca) vacío, un presupuesto no especificado, ningún target elegido o simplemente un objetivo mal interpretado, es la garantía de una propuesta fallida, desenfocada y fuera de contexto que podría hacerte perder bastante el tiempo y por qué no, hasta algún cliente.

Si eres creativo-diseñador-copy, la manera más funcional de evitar que esto pase, es que siempre tengas a la mano un Checklist con un mínimo óptimo de lo que tu brief debe de contener, así cada que recibas uno y lo sometas a tu lista personal de necesidades, estarás seguro que podrás iniciar una propuesta con esperanza de éxito.

En cambio, si eres quien llena los briefs, asegúrate de que cada espacio a contestar, dé claramente una ruta para que quien lo lea e interprete, pueda recibir tu input y por ende el del cliente o proyecto de una manera adecuada.

¡Venga! El brief puede ser tu mejor amigo… O tu peor, si no se toma en serio.

Israel Sánchez

Entusiasta de la lectura casual de diversos temas, curioso implacable en busca de conocimiento para compartir transformado en anécdotas.